miércoles, 24 de junio de 2015

RUTA POR EL PONTÓN DE LA OLIVA:

El Pontón de la Oliva se localiza al Noreste de la Comunidad de Madrid, para acceder al punto de inicio de esta cautivadora ruta y partiendo de la metrópoli de Madrid, tendremos que circular por la A-1 carretera de Burgos hasta la salida 50, donde abandonaremos la autovía para tomar dirección N-608/N-320, dirección Torrelaguna.

Una vez atravesemos la pintoresca localidad de Torrelaguna seguiremos por la M-102 que nos llevara hasta el pueblo de Patones, una vez lo crucemos, debemos estar atentos para localizar la señal que indica salida de población, desde este punto transitaremos 3,8 kilómetros hasta llegar al parking donde podremos estacionar el vehículo.

La M-102 termina justo en el desvío situado a nuestra derecha que conduce hacia la población de Valdepeñas de la Sierra, la señalización no muestra dificultad alguna al situarse justo en la entrada del puente, donde veremos una gran señal que nos advierte que desde la entrada al puente en adelante entramos en la Comunidad de Castilla de La Mancha por la Provincia de Guadalajara.

En esta ocasión tendremos que continuar de frente siguiendo la señal que indica presa de El Atazar, conduciendo por la M-134, hasta llegar a una marcada curva hacia la izquierda donde veremos la señal de aparcamiento, donde podremos estacionar el vehículo, es recomendable circular con precaución en este punto por motivos de seguridad vial y para no pasarnos el aparcamiento, habilitado en las inmediaciones de Casas del Pontón de la Oliva.

Desde el aparcamiento y ya caminado tenemos que cruzar con máxima precaución la carretera M-134, para comenzar nuestra ruta por una pista forestal, en el inicio de la misma hay un cartel a la derecha que nos informa: “Pontón de la Oliva, Coronación Presa” y a escasos metros otra señal de Vía Pecuaria, a la izquierda observaremos una edificación en un avanzado estado decadente.

Según caminamos por la amplia pista de tierra a nuestra izquierda se localizan las ruinas de la Ermita de la Virgen de la Oliva, a tan solo unos pocos metros más adelante pasaremos por un gran portón el cual dispone de un acceso para vehículos autorizados y un paso para senderistas y ciclistas.

Tras realizar un moderado descenso por la pista de tierra llegamos a la Presa del Pontón de la Oliva, a la cual dirigiremos nuestros pasos para observar detenidamente la gran obra hidráulica que con tanto esfuerzo se alzó en su día.

Historia de la presa del Pontón de la Oliva:

En plena Sierra de Ayllón al noreste de la Comunidad de Madrid y al noroeste de la Provincia de Guadalajara se levanta el muro de la presa, en la actualidad en desuso.

La presa del Pontón de la Oliva construida en 1857 es la más antigua de las seis presas cuya finalidad es la de entorpecer el libre avance de las aguas del río Lozoya, de tal manera que su represamiento permite suministrar agua potable a la ciudad de Madrid, la presa del pontón suponen el último obstáculo de origen antropogénico al cual las aguas del río Lozoya deben enfrentarse.

A tan solo seis kilómetros aguas arriba se ubica la presa de Navalejos construida unos años más tarde que la presa del Pontón de la Oliva.

Durante el reinado de Isabel II, Madrid empieza a aumentar considerablemente su población llegando a los 206.000 habitantes, tan solo la población muy acomodada disponía de agua en sus residencias, los demás madrileños se abastecían de la que brotaba de 54 fuentes y distribuían 920 aguadores.

Toda el agua provenía de los denominados” viajes de agua”, que consistían en qanats que son estructuras utilizadas principalmente en zonas áridas, para aprovechar el agua subterránea de las colinas para irrigar el llano colindante, construidas durante la Edad Media, siendo mencionados en el fuero de 1202, posteriormente fueron ampliados sucesivamente hasta el siglo XIX, drenando los acuíferos para conducir el agua hasta la ciudad.

El ministro de Comercio, Instrucción y Obras Públicas Juan Bravo Murillo, el 10 de marzo de 1848, firmo una Real Orden Orden por la que se nombraba una comisión para que se encargara de examinar las posibilidades de abastecimiento y analizar diversos proyectos algunos de ellos de mediados del siglo XVIII para abastecer de agua potable a la ciudad de Madrid utilizando los recursos hídricos de la Sierra.

En diciembre de 1848, los ingenieros Juan Rafo y Juan de Ribera presentaron la "Memoria razonada sobre las obras necesarias para el abastecimiento de agua a Madrid", en la que se incluyeron los datos relevantes del proyecto, así como su presupuesto y financiación.

En esta memoria se sentaron las bases del futuro proyecto de abastecimiento a la capital, decidiéndose como fuente de agua la procedente del cauce del río Lozoya por su calidad y pureza. Eligiendo la primera represa en el valle donde se ubicaba un puente denominado "Pontón de la Oliva".

Los ingenieros diseñaron un sistema de abastecimiento a Madrid "a lo romano", con un canal de 77 km de longitud de aguas rodadas. El eje principal de este proyecto era la construcción de una presa en el curso bajo del río Lozoya. El lugar elegido fue una garganta natural que los lugareños conocían como el "Cerro de la Oliva".

La captación se decidió junto a la Dehesa de la Oliva, unos centenares de metros aguas arriba del encuentro con las aguas del río Jarama. En el paraje se encuentra un pequeño puente de piedra (Pontón), que salva la corriente.

El 11 de agosto de 1851, el Rey consorte Francisco de Asís de Borbón puso la primera piedra de la presa. Las obras se dilataron hasta 1857. En 1860 se prolongó el canal 7 kilómetros aguas arriba, mediante un túnel practicado en roca de la ladera derecha y se construyó una pequeña presa de captación, llamada la Presa de Navarejos, para poder tomar el agua lejos de las calizas. Esta obra y la construcción del canal de Guadalix, llevada a cabo el año anterior, permitieron abastecer a la capital hasta la finalización de la presa de El Villar, en 1882.

La obra era de tal magnitud que fue preciso contratar miles de peones de obra que trabajaron durante varios años en durísimas condiciones y con la maquinaria de obra de la época.

La mayor parte de los obreros que construyeron el Pontón de la Oliva eran presidiarios. El contingente era de 1500 presos de las guerras carlistas, 200 obreros libres y 400 bestias. Todos padecieron las duras condiciones de trabajo y la epidemia de cólera que apareció en el campamento situado a pie de obra.

Como nota curiosa cabe resaltar que entre las distintas obras del proyecto, que no se circunscribía a la presa sobre el Lozoya, los ingenieros utilizaron palomas mensajeras para comunicarse en lo que dieron en llamar "telegrafía alada".

En 1856 las obras de la presa estaban finalizadas, pero el Pontón de la Oliva habría de esperar dos años para ser inaugurado. El 24 de junio de 1858 quedó inaugurado el primer sistema del Canal de Isabel II, Pontón de la Oliva incluido, en un acto en la carrera de San Bernardo al que asistieron la reina Isabel II de España y todo el Consejo de Ministros.

La vida del Pontón de la Oliva fue, sin embargo, muy corta. Los ingenieros habían elegido mal el lugar donde erigir la presa y pronto aparecieron filtraciones que arruinaron la capacidad de embalse del pantano.

En 1860 hubo que prolongar con suma urgencia el canal aguas arriba de la presa hasta alcanzar el nivel del río y construir la pequeña presa de Navarejos, para poder tomar el agua del río en las épocas de estiaje donde el nivel del Pontón de la Oliva descendía, debido a las filtraciones, por debajo del nivel del canal de salida.

Pocos años después de ser construida, la presa pionera de Madrid cayó en desuso y fue sustituida por la del embalse de El Villar ubicada 22 km aguas arriba e inaugurada en 1882.

A pesar de no realizar la función para la que fue erigida, la presa del Pontón de la Oliva sigue en pie y forma parte ya del patrimonio histórico de la sierra de Ayllón.

Se trata de una presa de gravedad, construida con sillería de grandes bloques de piedra unidos mediante mortero de cal, en la que el empuje del agua embalsada es soportado por el peso de la obra.

Tiene una altura de 27 metros y sección trapezoidal, con una anchura de 39 metros en la base y de 6,72 metros en la coronación, la cual mide 72,44 metros de longitud. La cara interna del muro (la que mira aguas arriba del Lozoya) aparece escalonada desde la base hasta la cima. Esta presa fue un antecedente europeo en la construcción de presas durante el siglo XIX. A pesar de ello esta presa tuvo desde sus inicios problemas de permeabilidad en la cimentación, que le hizo funcionar sólo durante tres décadas.

La cota de coronación es 726 metros y cuenta con una capacidad total de 3 hm³, la propiedad de la presa recae sobre el Canal de Isabel II, la presa y su entorno forman parte del patrimonio histórico del Canal de Isabel II.

Retomando la ruta, caminaremos por un gran pasillo empedrado el cual nos conduce hasta una edificación de planta cuadrada levantado con sillares el cual alberga la maquinaria hidráulica necesaria para regular el nivel del agua almacenado en su día por la presa, el edificio lo salvaremos subiendo unas escaleras situadas a la izquierda de la casa.

Una vez dejado a tras el edificio ante nosotros vemos una nueva edificación de menores dimensiones que la anterior y una pequeña explanada construida con grandes losas de piedra, desde este punto y asomándonos con precaución a la barandilla podemos contemplar en primer plano el gran muro de la presa y en segundo plano el puente de piedra bajo el cual transcurren libremente las aguas del río Lozoya, desde este mismo mirador podemos ver la torre de toma del canal que se conserva en perfecto estado.

Para continuar con la ruta debemos seguir de frente por unas estrechas escaleras de piedra, nada más coronarlas ante nuestros ojos vemos la pasarela de piedra colgante, es sin duda la parte más emocionante de la ruta dotándola de un ingrediente indispensable la aventura.

La pasarela construida con losetas de piedras que descansan sobre vigas incrustadas en la pared del cañón de piedra caliza, cuenta con unas decenas de metros de longitud, gracias a la barandilla que dispone caminar por ella es seguro, lo que nos permite realizar alguna que otra parada para disfrutar de las vistas que desde esta ubicación tenemos del cañón horadado por el río Lozoya.




Tras disfrutar de los tramos de pasarela surgen dos estrechos senderos, tomaremos el de la derecha, custodiado a ambos lados por una densa vegetación que conforma el monte bajo compuesto principalmente por matorral.

El sendero transcurre en todo momento por la margen derecha del río Lozoya, indicador a tener en cuenta para realizar sin perdida alguna la ruta, poco a poco nos adentramos por la terraza formada por el río.

En los claros que encontramos a lo largo del sendero podemos apreciar las imponentes vistas de los cortados calizos que con el paso del tiempo han adquirido un color ennegrecido.

Los primeros sinuosos kilómetros del camino están marcados por los acentuados meandros del río Lozoya, el cual sufre la retención de sus cristalinas aguas a lo largo de 5 grandes embalses, como son: Pinilla, Riosequillo, Puentes Viejas, El Villar y El Atazar.

Son diversas las bifurcaciones que encontramos a lo largo del recorrido, las cuales no tomaremos ya que las mayoría de ellas nos llevaran hasta el cauce del río, por lo que es recomendable seguir siempre por el sendero principal que siempre transcurre a media ladera y paralelo al río aguas arriba.

A lo largo del sendero se observa que la especie arbórea más habitual es fresno (Fraxinus excelsior), el cual lo encontraremos hasta en las lindes del camino.

Con la aquiescencia del paraje continuamos la marcha por el camino que inicia un giro hacia la izquierda siguiendo en todo momento los marcados meandros que el río Lozoya ha creado con el deslizamiento de sus aguas y con el paso del tiempo, mientras tomamos la curva se aprecia en la ladera de enfrente un gran desprendimiento de piedras producido por los agentes erosivos, principalmente por el agua.

Son frecuentes las infraestructuras del Canal de Isabel II que iremos encontrando en el transcurrir de la ruta, como una pequeña caseta de piedra situada en una pequeña vaguada la cual dejaremos a nuestra izquierda y seguiremos por el relajante sendero.

La frondosidad del camino va variando y según avanzamos el monte bajo da paso al sotobosque donde grandes ejemplares de fresno son ahora los protagonistas, entre los grandes árboles encontramos pequeñas praderas donde es recomendable realizar alguna parada para hidratarse y avituallarse correctamente.

El sendero se hace más amplio y una nueva instalación del Canal de Isabel II hace acto de presencia, en esta ocasión se trata de una casa de piedra de ciertas dimensiones que cuenta con una escalera de doble acceso, justo en este punto atravesamos un puente piedra que apenas se aprecia al estar cubierto por la densa vegetación.

Sin pausa pero sin prisa nuestros pasos nos dirigen a cruzar una zona dedicada a la explotación ganadera donde las presencia de las vacas pastando plácidamente es muy habitual por lo que transitaremos sin ocasionar molestia alguna a tan aplacibles animales siempre y cuando no se les ocasione ninguna amenaza.

Ahora el camino se transforma en una amplia pista asfaltada durante unos cientos de metros, en esta zona una baliza de madera nos informa de la existencia de diversas minas de ataque, que consisten en galerías horizontales que servían de acceso para el transporte de materiales y la entrada de trabajadores durante la construcción de la Presa de La Parra.

La carretera da paso a una pista de tierra por la cual seguiremos hasta que el sonido del agua brotando de un manantial llama nuestra atención y aprovechamos para refrescarnos y rellenar nuestras imprescindibles cantimploras.

La continua presencia del agua en toda la zona hace posible la existencia de una gran variedad de especies de árboles y arbustos a lo largo de toda la ruta, como son: los citados fresnos, los sauces, las retamas, las jaras, los rosales silvestres, los romeros, los enebros, los saúcos (cuyos frutos son muy preciados por aves y pequeños mamíferos), los álamos, las acacias, los alisos, los arces, los almendros y un largo etc…

En este tramo del camino la vegetación nos permite ver las aguas del río Lozoya más próximas a nosotros que en tramos anteriores, la amplia calzada nos favorece para avanzar a buen ritmo y en uno de los lados del camino se aprecia un gran rimero de pizarra fragmentada probablemente procedente de la extraída para construir las minas de ataque.

La intermitente presencia de las vacas en esta zona es otro aliciente al ser frecuente ver a las vacas custodiando a sus terneros, en este tramo del camino salvamos un pequeño conducto que encauza las aguas de un arroyo hacia las aguas del río Lozoya.

La gran diversidad de paisajes que el tramo bajo del río Lozoya nos posibilita ver es uno de los atractivos que encontramos a lo largo de nuestra jornada de senderismo, disfrutando de un entorno cambiante y sorprendente para los ojos de todo aquel sensibilizado con la protección y conservación del patrimonio natural que nos rodea.

Sin abandonar en ningún momento la pista de tierra aparece a nuestra derecha una Almenara de Sedimentación, edificio de piedra cuyo propósito es la de retener mediante decantación las arenas y sedimentos arrastrados por el agua, para evitar que el canal se cegase.

La presencia de carteles clavados en los troncos de los fresnos nos anuncia la existencia de “abejas trabajando”. Que sería de nuestra especie si las abejas desaparecieran de la Tierra, no solo perderíamos el manjar más dulce creado por un ser vivo la miel, sino que su inestimable función polinizadora es insustituible por mucho que la tecnología avance. La perfección de una abeja jamás podrá ser igualable por ninguna invención humana.

Avanzando con precaución y sin acercarnos a las colmenas situadas a unos cuantos metros del camino y protegidas detrás de unos fresnos y una valla salvamos la contingencia sin contratiempo alguno, y dejamos que las abejas sigan con la misión, fabricar su obra maestra, la preciada miel.

A modo de recomendación es aconsejable no utilizar perfumes ni desodorantes odoríferos cuando acudamos al campo ya que podemos atraer a una gran diversidad de insectos, sin ser ese nuestro designio.

A mano izquierda una nueva construcción sale a nuestro encuentro, se trata de los vestigios de una antigua casa de piedra, la cual albergaba los engranajes de las compuertas de la presa, referencia que nos indica la inmediata propincuidad de la presa de Navarejos.

La presa de Navarejos, fue construida en 1860, en tan solo cinco meses y de la que aún puede verse el muro curvo, los materiales con los cuales se levantó la presa fueron transportados mediante barcas, lo que nos revela que en aquella época el río Lozoya disfruta de un abundante caudal, debido principalmente a que sus aguas transcurrían libremente por su cauce al no estar represadas como en la actualidad por las 5 grandes presas.

A modo de azud, la presa de Navarejos crea de forma artificial una tabla de aguas cristalinas, cuya intención es la de elevar el nivel del caudal del río y poder derivar parte del caudal por un canal el cual servía para encauzar el agua hasta Madrid.

Tras contemplar de lo que es capaz el cacumen humano en materia hidráulica, a lo largo de la historia las diferentes civilizaciones han intentado sacar el máximo rendimiento al esencial elemento en su estado líquido, ideando complejas infraestructura tanto como para su transporte como para su aprovechamiento en materia de energía hidráulica.

Es momento de proseguir caminando, nada más avanzar una decena de metros vemos a nuestra izquierda entre la vegetación un nuevo alzamiento del Canal Isabel II, se trata de una casa de piedra de la cual emerge un canal el cual es visible durante unos escasos metros antes de ocultarse bajo tierra.

La pista adquiere un peculiar trazado lineal salvaguardado a ambos lados por una hilera de árboles, ante nuestros ojos la larga recta parece perderse en los confines del valle ya que desde su inicio no es posible otear el final.

Una sobria casa de labranza a pie del camino prácticamente al final de la recta, nos sirve como referencia para marcarnos la proximidad de la conclusión de la ruta.

Tras sobrepasar una tenue curva se descubre ante nosotros la Presa de La Parra, su necesaria construcción entre 1900 y 1904 se debió a los frecuentes aterramientos de la Presa de Navarejos, lo que suponía un continuo depósito de tierras, limo y arenas tras el azud de la Presa de Navarejos como consecuencia del acarreo natural del propio río Lozoya.

Sobre la misma presa existe una pasarela construida a base de grandes losetas de piedra que se mueven por lo que el paso está prohibido por el riesgo que conlleva transitar por ella, la altura de la presa es de 5 metros, cuenta con una longitud de coronación de 38 metros y, en la actualidad, aprovecha los 50 últimos hectómetros cúbicos del Embalse de El Atazar.

Desde esta misma presa surge un canal de aproximadamente un kilómetro por el cual se conduce el agua hasta la presa de Navarejos, en los cerros de la orilla de enfrente se observan grandes cúmulos de fragmentos de pizarra procedentes de las obras que se realizaron para levantar la presa a modo de azud.

Tras tomar un avituallamiento en el entorno de la presa de la Parra, esta marca el punto de retorno de la ruta, por lo que retomaremos el camino de regreso por el mismo trayecto que el de ida, en búsqueda de una agradable pradera donde poder almorzar bajo la sombra de un gran fresno y con el relajante bisbiseo que producen las aguas del río Lozoya a modo de sinfonía de fondo.

En conclusión la ruta por el Pontón de la Oliva, nos acerca a lo más profundo del cañón por una senda que transcurre aguas arriba por los marcados meandros del río Lozoya, sin duda una senda muy aconsejable de realizar donde el senderista descubrirá un paraje natural en un buen estado de conservación con una diversidad de flora y fauna muy destacable.

Si desean descubrir unos de los entornos más recónditos que nos ofrece el río Lozoya para explorar toda su historia hidráulica junto con la flora y fauna del Pontón de la Oliva, pueden contactar conmigo directamente para organizarles una senda guía: danielmedioambiente@gmail.com



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