sábado, 15 de abril de 2017

LA QUINTA DEL DUQUE DEL ARCO:

La gran dehesa que constituye el Monte de El Pardo, cuya superficie es de unas 15.821 hectáreas, alberga una quinta, conocida como la Quinta del duque del Arco, la cual es objeto de este reportaje, por su singular jardín y por el emplazamiento donde esta situada, desde el cual se pueden disfrutar de unas esplendidas panorámicas y de agradables atardeceres.

La Quinta del Duque del Arco, está ubicada al sudeste del Monte de El Pardo, en la zona conocida como el Cuartel de Querada.

Para poder acceder al Monte de El Pardo, la opción que les proponemos es circular por la M-30 hasta la salida 25, la cual tomaremos y seguiremos las indicaciones hacia la carretera M-605, El Pardo.

Una vez nos encontremos en la M-605, continuaremos por ella, hasta llegar al semáforo que regula el desvío hacia la izquierda al Palacio de la Zarzuela y al Club Deportivo Somontes, y hacia nuestra derecha al Club de Tiro de Madrid.

Este semáforo nos sirve a modo de referencia, una vez el cual nos de paso hay que seguir de frente y a unos 180 metros surge a nuestra derecha una carretera, con tres señales que indican: Palacio La Quinta, c.p.e.e La Quinta y restaurante y cafetería La Quinta.

Tomaremos este desvió, para circular por la carretera de Somontes al Palacio de la Real Quinta, durante 2,90 km transitaremos por una tranquila e idílica calzada, la cual pasa por debajo de las vías del tren a través de un pequeño túnel, más adelante a nuestra izquierda brota el restaurante La Quinta de El Pardo.

Con precaución cruzaremos por debajo del portón coronado con un gran arco que da acceso a la Quinta del Duque de Arco, y seguiremos por la carretera que rodea todo el complejo de la Quinta hasta llegar a una planicie habilitada como aparcamiento.

Una vez ubicados en este punto, es el momento de visitar La Real Posesión de la Quinta del Duque del Arco, conocida también como Quinta de El Pardo, la cual es un claro arquetipo de jardinería barroca con influencias italianas y francesas.

El origen de la Quinta, se remonta al año 1717, cuando la finca de Valrodrigo fue adquirida por el Duque del Arco, Alonso Manrique de Lara y Silva uno de los cortesanos predilectos de Felipe V.

El Duque del Arco, encomendó la construcción de una edificación cuyo viso era semejante al del Palacio de la Zarzuela, del arquitecto Juan Gómez de Mora. En cuanto a los jardines se desconoce tanto el autor como el año exacto de su construcción.

Aunque algunas fuentes recogen que fueron diseñados por el francés Glaude Truchet, otros dicen que pudo ser Esteban de Marchand sucesor de Carlier en La Granja, proyectista del parterre de Aranjuez y de la huerta de Migas Calientes, otra opción con la que se especula es con la figura de Caludio Trucher, militar con formación de ingeniero, incluso tampoco se sabe a ciencia cierta la fecha en la cual se empezó a plantar el jardín ya que no hay documentos que así lo atestigüen, se piensa que podría ser en torno al 1726 o 1727, son diversas las hipótesis y pocos los documentos que certifiquen la autoría.

Tras el fallecimiento del Duque en 1737, la viuda y heredera, María Ana Enríquez de Cárdenas, Condesa de la Puebla del Maestre y de Montenovo, dono la finca a los reyes Felipe V e Isabel de Farnesio en 1745, los cuales lo incluyeron en el Real Sitio de El Pardo.

Por esas fechas la Quinta contaba con 80 fanegas de extensión, lo que equivale a unas 51,7 ha de terreno, dentro de esa gran superficie de terreno se ubicaba: el palacio, casa de oficios, cocheras, caballeriza, pajar, casa bodega con cueva y los jardines con 926 frutales.

El jardinero mayor era Juan de Ribera, el cual fue sustituido por Juan de Villanueva y en 1788 el cargo de jardinero mayor recayó sobre el italiano J. Lumachi, el cual también trabajo en el Buen Retiro.

Los arquitectos que diseñaron las reformas llevadas a cabo por la corona, fueron, Juan Ruiz de Medrano, Manuel López Corona y Manuel de Molina.

El complejo de la Quinta está constituido por dos edificaciones principales, el palacio y casa de oficios, una enfrente de la otra y separadas entre si por una plaza, ambas construcciones se sitúan en una zona más elevada que el jardín, al cual se puede acceder por la parte de atrás, a través de una pendiente suavizada con varias curvas, o por una escalera situada en la parte superior del lateral derecho del palacio, la cual permite un acceso más directo al jardín.

El jardín está estructurado en cuatro espaciosas terrazas, la compleja topografía de la zona, hizo necesario la construcción de varios muros de contención, ubicados entre la segunda y tercera terraza, y entre la cuarta terraza y el monte.

El resultado visual del jardín, es la existencia de dos grandes zonas de dimensiones semejantes, las cuales se subdividen en otras dos zonas de proporciones semejantes.

Las terrazas se comunican entre sí mediante gradas, salvo la segunda y tercera terraza cuya conexión se realiza a través de dos rampas laterales equidistantes al eje principal y dos escales agregadas en ángulo con dos tramos cada una de ellas y acceso perpendicular en el último rellano.

Empezaremos la descripción del jardín, desde la primera terraza, aquella que se encuentra situada en la zona más baja, cuya forma es trapezoidal, los ejes no ortogonales estructuran en cuatro cuadros desiguales esta gran esplanada, los cuadros inferiores están compuestos con un parterre formado con setos de boj y decorados con flores de temporada o estacionales.

En el centro de la terraza, una gran fuente equipada con un estanque de forma polilobulada construida en granito y taza sobre pedestal de mármol, denominada de los Cuatro Delfines, es el elemento ornamental más destacable de esta primera terraza.

Tres escalones salvan el ligero desnivel existente entre la primera terraza y la segunda, las cuales están demarcadas por una barandilla de hierro sobre robustas losas de granito y pedestales de piedra rematados con jarrones.

La segunda terraza cuenta con dos grandes cuadros a modo de parterres, subdivididos en cuatro partes, los caminos trazados forman una cruz latina, en los brazos laterales justo en las plazoletas centrales se sitúan dos pequeñas fuentes que dotan al conjunto de una singular simetría.

Las fuentes cuentan con un estaque bajo polilobulado y una piña a modo de surtidor, justo al lado de cada fuente se eleva una gran conífera de porte espectacular.

El camino central, sin ningún prolegómeno nos permite acceder hasta la cascada, el que es sin duda el conjunto escultórico más relevante de todo el jardín de la Quinta del Arco, por méritos propios es merecedora ella sola de una visita a este entorno.

Su ubicación estratégica responde a la solución arquitectónica dada para salvar la topografía del terreno, con el alzamiento de un muro de contención de 5 metros de altura, el cual separa las terrazas inferiores de las superiores.

La cascada cuenta con cinco mascarones centrales, diez gradas laterales y una taza final que desemboca sobre un estanque de formas polilobuladas, equipado con dos surtidores.

La cascada esta introducida en una exedra que forma el muro en su parte central, semejante a una serliana de planta, se abre en forma de abanico desde la parte superior, que es más estrecha, hasta la inferior más ancha.

El agua brota de una elaborada fuente elevada equipada con un pedestal, posteriormente el líquido elemento es repartido por las siguientes siete vertientes: los mascarones centrales, las dos tazas laterales, las cadenas y las rocallas externas.

La primera taza se eleva sobre el estanque mediante una pequeña gruta artificial, cuyos componentes rústicos se prolongan en dicha rocalla lateralmente para acomodar la forma de la cascada a la de la exedra.

En el muro de contención surgen grandes cavidades enmarcadas con pilastrones, que albergan diversas esculturas y jarrones. A ambos lados, ya en los extremos se ubican las escaleras compuestas por tres tramos, las cuales nos permiten acceder a las dos terrazas superiores.

Bajo las escaleras se disimulan dos cubículos con elegantes bóvedas de ladrillo visto, las cuales se pueden ver a través de una puerta de hierro forjado.





Una vez subidas las escaleras, en las cuales es frecuente encontrar jarrones decorando tanto sus inicios como su trayectoria, nos encontramos en el tercer nivel del jardín, desde el cual, y siempre detrás de la protección que nos ofrece la barandilla de hierro, podremos divisar las dos terrazas que hemos dejado atrás y así observar el diseño de las mismas desde una preceptiva diferente.

La barandilla de hierro forjado se acomoda con pedestales de piedra, la cual se encuentra domeñada por inmensas glicinas (Wisteria sinensis), que en época de floración aporta un color violeta azulado esplendido, gracias a sus flores dispuestas en racimos colgantes de entre 15 y 20 centímetros de largo.

Desde este punto nos podemos acercar hasta la zona más alta de la cascada la cual se encuentra custodiada a ambos lados por dos esculturas aposentadas sobre sus correspondientes pilares construidos en piedra.

La tercera terraza supone el plano de mayor extensión de todo el jardín, su forma está compuesta por un rectángulo perfecto, la cual se encuentra encuadrada en sus laterales por muros de contención construidos con ladrillos enfoscados.

La explanada es ocupada por un parterre distribuido en cuatro grandes cuadros, los cuales a su vez se subdividen en otros cuatro pequeños cuadros, en cuyo interior se encuentran plantados numerosos rosales. Todos los muros vegetales que componen los cuadros son de boj.

Como en las dos terrazas inferiores, el camino dibuja una cruz latina, en cuyo centro se localiza una fuente ochavada, de forma octogonal, compuesta por un estanque bajo y un surtidor en forma de risco, denominada fuente Negra o Nueva.

Las esquinas de los parterres en esta zona, se muestran recortadas para dar forma a la plazoleta que constituye el eje central de la terraza, donde el agua se manifiesta en la anteriormente descrita fuente.

El recurso de jardinería de recortar o dar forma cóncava a las esquinas de los parterres, es muy frecuente a lo largo de todo el jardín, el motivo es el de crear espacios armoniosos dentro del diseño de cada terraza, como son las recurrentes plazoletas existentes, muchas de ellas coronadas con elegantes y estilosas fuentes.

En ambos extremos del camino que forman el brazo más largo de la cruz, se erigen dos impresionantes secuoyas (Sequoia sempervirens), cuya edad ronda los 300 años, una vez más las esquinas de los parterres se muestras recortadas para dar cabida a estas dos centenarias secuoyas.

Al visitar este jardín tenemos la ocasión de poder disfrutar de dos gigantes vivos, las secuoyas son los seres vivos más grandes de la Tierra, pudiendo superar los 100 metros de altura y los 8 metros de diámetro, llegando a vivir entre 2000 y 3000 años.

La última terraza, es denominada la del Estanque, para entrar a esta zona la cual es la más elevada de todas las terrazas que componen el jardín, es necesario subir dos tramos de escalones, el primero corto y de escalones rectos que desembocan en un descansillo que da acceso al segundo tramo de escalones estos de forma semicircular o de abanico.

A ambos lados de la escalinata afloran dos alargados parterres de forma rectangular bordeados por un lado por boj y por el otro por el muro de contención que permite salvar una vez más la topografía del terreno, en el interior de estas zonas ajardinadas brotan multitud de rosales.

Una vez salvadas las escaleras, una barandilla de hierro provista de pedestales de piedra y decorada con jarrones cerca la terraza, a la cual no se tiene acceso por encontrarse dicha barandilla cerrada, la cual no nos impide ver los elementos que componen esta última terraza.

Un gran estanque corona esta zona del jardín, siendo el elemento acuático de mayores dimensiones de todo la Quinta, se trata de un estanque bajo, el cual está formado a partir de una figura geométrica cuadrada de esquinas redondeadas al cual se le añaden dos semicírculos laterales.

En el centro del estanque surge un surtidor lineal y distribuidos por el resto del estanque otros cuatro surtidores de forma circular, de los bordes del estanque elaboradas a base de piedra brotan cuatro desgastadas cabezas de animales de las cuales también emana el agua.

Todos estos sistemas de conducción de agua tienen dos finalidades por una lado la meramente ornamental y estética y por otro lado la de dotar de movimiento al agua para oxigenarla.

El eje principal esta culminado por una cavidad o cueva artificial, insertada en el propio muro de contención, el cual proyecta una gran exedra de formas lobuladas.

La espelunca esta provista en su parte externa con un gran arco de medio punto y en su interior con una techumbre abovedada construida a base de ladrillos, es de planta cuadrangular y cuenta con tres exedras, dos laterales con bancos y otra central con una fuente, la cual esta adornada con un delfín.

La cavidad está protegida con una puerta de rejería, de refinada elaboración, a ambos lados adornando el muro de contención, observamos nichos y hornacinas las cuales son engalanadas con jarrones y separadas entre sí con cipreses, dotando al conjunto de una gran simetría.

Sobre el muro de contención encontramos una barandilla de hierro forjado y pilares de piedra algunos de ellos decorados con elegantes jarrones, en este punto terminaría la visita al esplendido jardín de la Quinta del duque del Arco, los cuales ocupan más de 10.000 m2, donde se dan cabida los estilos italianos, franceses y españoles.

En los alrededores al jardín, encontramos una gran finca agrícola plantada con longevos olivos y algún que otro árbol frutal como son los almendros y los cerezos, que aportan un toque de color y olor en su época de floración.

En sus orígenes en la zona donde están plantados los actuales olivos, había un gran viñedo, los terrenos bajos de la Quinta eran ocupados por cultivos de regadío, donde había entre otros árboles frutales 116 naranjos.

Los terrenos no cultivados son recuperados por el campo silvestre, con las encinas como estandartes del bosque mediterráneo, que junto con las jaras y los pinos son las especies más predominantes de la zona, no hay que olvidar que El Pardo es una prolongación de la Sierra del Guadarrama que casi penetra hasta el centro de la ciudad de Madrid, lo que sin duda es todo un boato.

Una vez visitado el jardín es hora de centrarnos en el palacio, edificado con planta rectangular casi cuadrada, la planta superior se presenta abuhardillada, en su interior se alberga un pequeño patio central de forma cuadrada.

En dos de las cuatro fachadas del palacio encontramos cinco grandes ventanales, en las otras dos fachadas hay cuatro ventanales y una puerta, la puerta orientada hacia el norte esta rematada con un elaborado escudo custodiado por dos ángeles, siendo la puerta principal del palacio, a la cual se accede tras subir los ocho escalones de piedra que separa el palacio del patio, otro elemento que llamara nuestra atención son los dos grandes faroles dorados que velan a ambos lados de la puerta.

La otra puerta orientada hacia el sur es más discreta, aunque cuenta con una escalera metálica de mayor altura para salvar el gran desnivel que en este lado es mucho más pronunciado.

El protagonista de la Quinta del Duque del Arco, es el jardín barroco enmarcado dentro de una fina donde se realizaba una explotación agrícola, integrado todo el conjunto en el propio Monte de El Pardo, el cual tenía en su época un gran interés cinegético, de ahí que el palacio no sea una edificación muy ostentosa.

El interior del palacio cuenta con una superficie de 900 m2, que dan lugar a 15 estancias, en la planta noble se sitúan los salones y las diferentes zonas de recepción.

Las paredes están decoradas con papeles pintados de origen francés del siglo XIX, tanto el mobiliario, las pinturas como las alfombras son de la época de Fernando VII e Isabel II. La planta superior y el sótano estaban destinadas para el personal que atendía el palacio y a sus huéspedes.

El conjunto formado por el palacio y los jardines de la Quinta del Duque del Arco, fueron declarados Monumento Nacional en 1935, su propiedad recae sobre Patrimonio Nacional.

La Real Posesión de la Quinta del Duque del Arco ha sido testigo de numerosos acontecimientos históricos, los más recientes los recogemos a continuación de forma resumida.

El palacio fue lugar de residencia del presidente de la Republica, Manuel Azaña, donde el 18 de Julio de 1936 le sorprendió el golpe de Estado.

Ya durante la Guerra Civil Española, el palacio fue ocupado por la Quinta División del Ejercito de la Republica, comandada por Palacios.

En 1974 la Quinta era empleada por el príncipe don Juan Carlos, para realizar recepciones.

En cuanto a la casa de oficios del palacio, en la actualidad su uso es diferente y en ella se ubica el Colegio Público de Educación Especial La Quinta de la Comunidad de Madrid.

Si desean realizar la Quinta del Duque del Arco de la mano de un experto guía que les oriente y durante la senda les realice interpretación tanto histórica, paisajística como de la naturaleza, identificando la fauna y flora del lugar no duden en contactar conmigo escribiéndome a: danielmedioambiente@gmail.com



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