martes, 29 de septiembre de 2015

RUTA POR EL PARQUE PALEOLÍTICO DE LA CUEVA DEL VALLE, LAS MINAS Y CALEROS DE RASINES:

El municipio de Rasines se localiza en el valle del Asón (Cantabria), en la zona oriental de la región. Ocupa una superficie de 42 km2 y sus límites lindan con los siguientes municipios: al norte con Ampuero; al Sur con Ramales; al este con Guriezo, Trucíos y Carranza; y al Oeste con Ruesga y Voto.

Para acceder a Rasines podremos realizarlo en vehículo circulando por la A-8 a la altura de Colindres, tomando la vía rápida N-629 en dirección a Burgos, que cuenta con dos salidas, una a la altura de Rocillo y la otra en El Cerro.

Otra opción es circular por la antigua N-629, que desde Colindres, pasa por los núcleos urbanos de Limpias y Ampuero, para adentrase en el municipio a través de Santa Isabel, y que atraviesa los barrios de La Gerra y El Cerro, donde se une al nuevo trazado.

Geológicamente Rasines se ubica en el centro de la Cordillera Vasco-Cantábrica, donde encontramos afloramientos que van desde el período Triásico hasta el Cretácico Superior y eventualmente recubrimientos cuaternarios.

Fruto de los bruscos cambios litológicos existen fuertes contrastes topográficos, como resultado surgen ante nuestros ojos diferentes collados, lomas y montes que apenas superan los 700 metros de altitud, sin mucha dificultad podremos distinguir tres zonas bien marcas como son:

Media montaña.

Zona intermedia.

Valle.

Desde la Prehistoria Rasines fue elegida por los seres humanos como asentamiento, los restos magdalenienses descubiertos en 1905 en la cueva del Valle delatan la presencia del hombre prehistórico, en el yacimiento se encontraron arpones, objetos grabados y un bastón perforado.

Durante la Edad Media Rasines se convirtió en una de las Villas más importantes del valle, y sus habitantes se especializaron en el transporte del trigo de Castilla y el hierro de Vizcaya a las ferrerías de Carranza, Ramales y Soba. Motivo por lo que a finales del siglo XV la Villa tenía más de mil habitantes.

La comarca fue cuna de muchos e importantes canteros y arquitectos durante los siglos XV al XVIII. Destacan Juan Gil de Hontañón y su hijo Rodrigo Gil de Hontañón, Juan de Rasines y Juan de Nates, naturales todos ellos de Rasines.

Una vez situado Rasines en el mapa, es momento de centrarnos en la ruta, para acceder al inicio de la senda, tendremos que atravesar la población de Rasines por la carretera N-629a, hasta llegar a una carretera que sale a nuestra derecha denominada Barrio El Cerro, la cual debemos seguir hasta que se cruce con otra carretera, en este punto veremos una señal que nos indica “Cueva del Valle”, siguiendo las indicaciones hacia la cueva y circulando por una estrecha carretera llegaremos a un nuevo cruce de vías, una vez más seguiremos de frente sin perder las indicaciones hacia la “Cueva del Valle”, en unos pocos cientos de metros se localiza a nuestra izquierda la entrada al aparcamiento donde podremos estacionar el vehículo.

Una vez recogidos los bártulos del coche, es momento de comenzar la ruta, en la entrada encontraremos un cartel que nos muestra un esquema sobre los puntos de interés de la senda que nos permite visitar la Cueva del Valle, las minas y caleros del siglo XIX y XX.

La senda es circular y se distribuye en dos temáticas diferentes, una primera hace referencia a la Cueva del Valle y la segunda a las minas y caleros, la dirección que debemos tomar en cada momento viene establecida por diversas balizas de madera decoradas con una pequeña vagoneta de minería y bajo ella la fecha que nos indica el rumbo a seguir.

A lo largo del camino y ubicados en lugares estratégicos podremos detenernos en la cartelería que nos habla tanto de las minas como de la cueva, los puntos de interés son:

La fauna de la Edad de Hielo.

Mamut.

Cueva del Valle.

Arboretum paleolítico.

Mina “Constante”.

Lavadero mineral.

Horno de cal.

Horno de dolomía cacinada.

Cantera.

Lavadero de la cantera.

Mirador de la Mies de Rasines.

Las explotaciones mineras de Rasines se remontan a la época de los romanos, los cuales extraían la plata de los plomos argentíferos, tanto en aquellos tiempos ya remotos como a lo largo del siglo XIX y XX, la explotación minera se centraba siempre siguiendo la dirección de los criaderos de mineral.

La mina “Constante” que se ubica apenas recorridos unos metros desde el inicio de la ruta, es una excavación de calamina, la cual se extraía con picos y barrenas, los techos de las galerías que iban escavando se aseguraban con entibaba de madera para evitar derrumbes.

Una vez extraída la calamina se procedía a lavar el mineral y transportarlo hasta el puerto de Limpias donde se embarcaba rumbo a las fundiciones de Inglaterra, Bélgica y Alemania.

Caminando unos metros más adelante a mano derecha aparece un pequeño sendero entre la vegetación que si nos aventuramos a subir, llegaremos hasta un lavadero de mineral, situado como no podía ser de otro modo muy próximo a la boca de la mina Constante, el lavadero o balsa está ubicado en una zona elevada, para permitir la acumulación de los materiales de desecho en la parte baja, el lavadero consta de una cubeta construida en la ladera adaptada al relieve del monte y situada justamente bajo un manantial, dispone de un canal a modo de desagüe que permite evacuar el líquido tras el proceso de lavado del mineral.

El material extraído de la mina era transportado hasta el lavadero mediante carretillas para ser seleccionado, triturado y cribado. A continuación se ponía a remojo, con el objetivo de eliminar las arcillas, tierras y materiales orgánicos que pudiera contener, concentrando al máximo el mineral en esta primera fase.

Una vez lavado y separada la mena de la ganga, se pasaba a una segunda fase de concentración mediante el tostado. Próximos a los lavaderos se situaba una fragua, donde se tostaba el mineral con lo cual se obtenía una mayor concentración de la sustancia deseada, al eliminarse la humedad y volatilizarse parte de sus compuesto.

Continuando por el sendero descendiente llegaremos hasta el “Parque Paleolítico de la Cueva del Valle”, en la noche de los tiempos hace 15.000 años el hombre prehistórico encontró la cueva y a lo largo de 8.000 años acogió a los cazadores y recolectores del paleolítico, del epipaleolítico y mesolítico.

En este escenario podremos hacer volar nuestra imaginación y figurarnos como sería la vida de nuestros antepasados durante la última glaciación y los inicios del holoceno. En este yacimiento arqueológico se han encontrado numerosos vestigios, como herramientas de sílex y  elementos de adornos personal.

Desde el paleolítico el hombre ha valorado este emplazamiento al situarse en el tramo medio del río Asón, el cual ofrece una rica vega aprovechada tanto por el hombre como por la fauna de la zona.

La subsistencia del hombre paleolítico se basaba principalmente en la caza de ciervos y cabras montesas, en la pesca de salmónidos y en la recolección de frutos. La cueva del Valle está ubicada en una privilegiada ubicación biogeográfica que propiciaron un hábitat ideal para el ser humano, la fauna y la flora.

Nada más cruzar un puente de madera y en un pequeño clareo del denso bosque ante nuestros ojos se presenta una réplica a escala 1:1, de un Mamut (Elephas primigenius), cuyas dimensiones corresponden a 3,5 metros de altura desde la cruz del Mamut hasta el suelo, 5 toneladas de peso, al ser herbívoro su alimentación se basa en hierbas, líquenes y arbustos, gracias a su denso pelaje pudo adaptarse a las áreas periglaciares.

La fauna del paleolítico estaba representada principalmente por:

Ciervo (Cervus elaphus)

Cabra montés (Capra Ibex)

Rebeco (Rupicapra rupicapra)

Caballo (Equus feros)

Reno (Raginfer tarandus)

Bisonte (Bison priscus)

Uro (Bos primigenius)

Rinoceronte lanudo (Coelodonta antiquitatis)

Oso de las cavernas (Ursus spelaeus)

León (Panthera leo)

Hiena de las cavernas (Crocuta crocuta)

Atendiendo al pleistoceno superior que es el periodo geológico anterior al actual, que es el holoceno, y cuya duración va desde los 128.000 hasta los 10.000 años antes de la actualidad, coincide con el desarrollo de la última glaciación, denominada en Europa Würm.

Durante este periodo de tiempo se sucedieron 4 grandes etapas de un frío muy severo alternando con otras etapas de un clima templado. Durante las fases frías el casquete del polo ártico recubría gran parte del hemisferio norte y extensas áreas del continente europeo, como resultado grandes extensiones de territorio estaban cubiertas por un manto del hielo, y en las cadenas montañosas se desarrollaban imponentes glaciares.

La mayor parte de la fauna y especialmente la flora se vio desplazada hacia el sur, por lo que Europa meridional acogió a las especies adaptadas a climas más templados.

El centro del continente y los glaciares de montaña se convirtieron en zonas periglaciares donde la tundra y las grandes praderas continentales esteparias eran el biotopo principal.

Cruzando un nuevo puente de madera nos dirigimos hasta el sistema kárstico de la Cueva del Valle, las cuevas son como cañerías naturales por donde circula el agua, principalmente se dan en zonas con rocas calizas, la cual se disuelve con la acción erosiva del agua, formando conductos subterráneos, que pueden ser de dos tipos:

Surgencias: que son cavidades que tras captar agua de una montaña la conducen hasta una boca que actúa como emisor, como es el caso de la cueva del Valle.

Sumideros: se trata de cavidades que actúan como desagües, conduciendo el agua hasta las capas freáticas.

La cueva del Valle fue descubierta en 1905 por el padre Lorenzo Sierra, en el yacimiento paleolítico se localizaron vestigios prehistóricos como los bastones perforados, los arpones magdalenienses y los cantos pintados del Aziliense.

La cueva del Valle es una imponente surgencia de una red subterránea de más de 60 km de galerías y conductos, el principal conducto es de carácter estacional, dispone de una serie de pequeñas surgencias o manantiales que liberan de manera regular las aguas del sistema subterráneo o karst.

La formación de una cueva pasa por 3 fases principales:

1- La cavidad se va abriendo a medida que el agua disuelve la roca caliza, creando conductos anegados por el agua.

2- En los episodios glaciares, el nivel del agua va descendiendo quedando los conductos liberados de agua, produciéndose inundaciones regulares que erosionan las cavidades.

3- Las aguas de escorrentía se filtran y aprovechan los conductos, para emanar por ellos (surgencias) y desaguar en los ríos, o por lo contrario para buscar la capa freática a través de los sumideros. Las galerías que van quedando colgadas se fosilizan al secarse.

En este punto y tras un muro de mampostería podremos observar el nacimiento del río Silencio, cuyas cristalinas aguas emanan por dos oquedades manipuladas por el hombre para facilitar el imparable avance de las aguas, las cuales transitan por varias aperturas ubicadas bajo el muro y de ahí las aguas toman contacto con el curso superficial del río Silencio.

A lo largo de toda la senda podremos disfrutar de ejemplares de castaños, sauces blancos, robles, fresnos, espino albar, encinas, nogales, avellanos, higueras y laurel, que conforman un verde y frondoso bosque.




Recorriendo el sendero empedrado llegaremos hasta la entrada a la cueva del Valle, con mucha precaución por la humedad y por la superficie extraordinariamente lisa de algunos bloques de piedra que parecen estar pulidos podremos acceder al interior de la cueva sin profundizar mucho por motivos de seguridad.

Durante el Magdaleniense Superior final (13.000-11.200 años), se produjeron las ocupaciones más intensas en la caverna, durante el Aziliense (11.200-9.000 años) y en el Mesolítico también fue habitada.

Los asentamientos se ubicaban en la boca de la cueva principalmente, en las épocas más frías y húmedas nuestros antepasados se adentraban en las profundidades de la gruta. La vida cotidiana transcurría alrededor de los hogares para mantenerse caliente, la alimentación se basaba principalmente en la ingesta de carne de ciervo, del cual aprovechaban la carne, los huesos y la piel, en ocasiones su dieta se veía enriquecida cuando pescaban truchas y salmones o recogían frutos del bosque.

Una vez visitada la caverna, retrocederemos hasta el punto donde nace el río Silencio, y seguiremos de frente por el camino, a mano izquierda veremos un prado con vacas de la raza Holstein o frisona que pastan plácidamente, tras pasar por varias casas situadas a ambos lados del camino, seguiremos caminando, esta vez sobre asfalto al terminarse el camino de tierra.

Tras caminar unos 400 metros por la carretera, localizamos una vía que sale a nuestra derecha,  la cual tomaremos y que da acceso a otra casa. La carretera pasa a ser una ancha pista de tierra por la que andaremos unos pocos metros hasta adentrarnos por un estrecho sendero que va ascendiendo por la ladera de la colina.

El sendero transita por un bosque envolvente el cual en ocasiones no nos deja ver el cielo y la luz se filtra entre las ramas y hojas de la vegetación, es muy importante realizar periódicas paradas para hidratarnos ya que la humedad del ambiente es alta y puede hacernos transpirar en exceso por lo que corremos el riesgo de deshidratarnos.

A modo de indicador, el sendero atraviesa un amplio cortafuego, es primordial no abandonar el sendero ya que la densa vegetación nos impide tomar referencias visuales y es en este tipo de bosques tan densos donde es fácil perderse.

Desde donde iniciamos el  estrecho sendero hasta que lleguemos a una amplia pista de tierra hay 1,3 km, en este punto giramos a la derecha y andamos unos pocos metros por una amplia pista forestal hasta que a nuestra derecha sale de nuevo un estrecho sendero descendiente.

A lo largo del sendero encontraremos marcas pintadas con dos franjas una blanca y otra amarilla que nos indican que estamos por el buen camino y que se trata de una ruta de pequeño recorrido entre 10 km y 50 km.

Según vayamos descendiendo encontraremos una pequeña casa en perfecto estado de conservación, el serpenteante y ceñido sendero desemboca en una carretera de cemento la cual tomaremos en dirección descendente.

De nuevo aparecen las balizas de madera que nos van indicando los puntos de interés a visitar, facilitando el transcurrir de la ruta.

La primera baliza visible nos invita a dejar la carretera de cemento para desviarnos hacia la derecha por un camino de tierra, para disfrutar de las vistas que nos ofrece el mirador de la cantera, desde el cual otear diversos puntos de interés, como son: La Alcomba, Catorce Canales, El Cerro, La Aparecida, Ermita de Villasomera, Helguera, Tánago, La Mies, La Gerra, La Cantera, Candiano, San Andrés, Rocillo y Altro Cereceda.

Reanudando la marcha volveremos por nuestros pasos para seguir descendiendo por la carretera de cemento hasta llegar al lavadero o balsa de la cantera, ubicado enfrente de la cantera de Helguera. 

Situado en una zona elevada para permitir la acumulación de los materiales de desecho en la parte baja, el lavadero consta de una cubeta rectangular de mampostería adaptada al relieve y situada justamente bajo un manantial o surgencia de agua, y un canal de desagüe que permitía evacuar el líquido tras el proceso de lavado del mineral.

El material extraído de la cantera era transportado hasta este punto mediante carretillas, a continuación era seleccionado, triturado y cribado. Posteriormente se ponía a remojo, para depurarlo de arcillas, tierras y material orgánico, de tal modo que se concentraba al máximo el mineral en esta primera fase.

Una vez lavado y separado el mineral del resto de materias e impurezas no deseables, se pasaba a una segunda fase de concentración mediante calcinación o tostado. Para ello y próximo a los lavaderos se situaba la fragua donde se calcinaba la materia prima, con lo cual se obtenía una mayor concentración de la sustancia mineral, al eliminarse en este proceso productivo la humedad y volatilizarse parte de sus compuestos.

Tras lavar y tostar el mineral, era envasado en sacos de 50 kilos para comercializarlos.

El siguiente paraje donde nos detendremos es en la cantera de Helguera, el término Municipal de Rasines está enclavado en la Cordillera Vasco-Cantábrica, donde se localizan capas del Triásico y del Jurásico, que dieron lugar a la formación de dolomías.

Las explotaciones a cielo abierto o canteras han estado orientadas desde tiempo inmemorial a la obtención de minerales y rocas para múltiples aplicaciones:

1- Aprovechamiento de productos mineralizados de superficie: Blenda y Calamina.

2- Dolomía cruda: utilizada para áridos en la construcción, en la industria química para la producción de cromados, vidrios, cerámicas y esmaltes y como abrasivo.

3- Dolomías y calizas blancas tratadas mediante cocción: las primeras destinadas a la obtención de productos dolomíticos calcinados y las segundas a la obtención de cal viva.

4- La piedra caliza se ha utilizado en la construcción de edificios.

El arrancado del producto se efectuaba mediante voladuras controladas y mediante la utilización de barras de hierro, picos y cuñas. Siendo un trabajo netamente manual hasta la introducción de los compresores. El material obtenido se transportaba en carretas tiradas por bueyes, alrededor de las canteras se instaban diferentes casetas destinadas a contener utensilios, fraguas, maquinas trituradoras, seleccionadores, cribas, tolvas, lavaderos, hornos de calcinación y muros de embarque.

Una vez más solo tendremos que seguir las balizas para llegar al mirador de la Mies de Rasines, la cual constituye el valle más amplio de los que se encuentran en la Cuenca Hidrográfica del Asón. La llanura de 1,4 km2  se extiende sobre una cubeta de descalcificación desarrollada sedimentológicamente sobre arcillas rojas y yesos, estas características geológicas y lo soleado del terreno han dotado a la misma de una gran fertilidad, que ha sido aprovechada por el hombre desde los tiempos más remotos, en la Edad Media se roturaron los campos para la producción de cereales, principalmente trigo y cebada.

A partir del siglo XVII los cultivos de cereales son sustituidos por el maíz, convirtiéndose en el soporte de la alimentación humana y animal. Para asegurar las cosechas se acota el espacio, de tal forma que el hábitat se desarrolla alejado de las zonas de siembra, al oeste y sur del valle, en cuanto a la ganadería, esta se confina en los montes del Concejo.

Desde el mirador que dispone de bancos de madera para disfrutar plácidamente de las vistas, podremos divisar: La Alcomba, Los Catorce Canales, Bosquemado, El Cerro, Tánago, La Gerra, Helguera, El Incodio, Candiano, San Andrés de Rasines, Alto de Cereceda, Alisas, La Iseca, Cerviago, Hayas, Río Silencio, Camino de acceso a la Cueva del Valle, La Balsa y San Juan.

Dejando a tras las espectaculares vistas que nos ofrece el mirador ponemos rumbo al horno de dolomía cacinada de Helguera, el cual entro en funcionamiento en el año 1945 y estuvo operativo durante 10 años.

Su instalación estuvo motivada por 2 causas: la proximidad y fácil obtención de la materia prima y la enorme demanda de una incipiente industria que utilizó los productos resultantes para la fabricación de vidrios, revestimientos de hornos de acero, obtención de mármoles, fabricación de abonos químicos, jabones, etc…

Los Altos Hornos de Bilbao fueron los principales consumidores de los productos obtenidos. Este horno está construido en mampostería y posee unas dimensiones de 8,5 m de altura, por un diámetro de 2,5 m en la boca y de 3,5 m en la base. En el interior posee una cuba de 0,90 m de anchura, con iguales dimensiones en la boca que en la base.

El horno aprovecha un gran desnivel para su ubicación, de tal forma que queda al resguardo de los vientos y se puede acceder fácilmente a su boca superior mediante una rampa, lo que permitía la carga de capas o camas sucesivas de carbón y piedra de dolomía de manera sencilla.

La materia prima, la dolomía, se obtenía de las numerosas canteras de los alrededores. El material se pasaba por máquinas trituradoras y posteriormente era seleccionado antes de ser introducido en el horno.

Este horno tiene un carácter netamente industrial y constituye un buen ejemplo de los denominados hornos de cuba. En el mismo se producía dolomía calcinada a muerte o sintetizada, la cual necesita que el horno alcanzase temperaturas comprendidas entre los 1500 y 1700 ºC, durante el tiempo suficiente para que se formen cristales grandes de óxido de magnesio y de óxido de calcio.

Una vez cargado el horno se cerraba la boca superior con ladrillos macizos, dejando una pequeña abertura para la expulsión de gases. A 1,5 m del suelo, se abrían 4 tiros o toberas que facilitaban la combustión. Las 4 bocas existentes en la base permitían acceder a la caldera para proceder a encender el horno, iniciándose de esta forma la quema sucesiva de camadas, desde la base hacia la parte superior. El proceso duraba 3 días aproximadamente.

El camino nos descubre un nuevo horno en este caso se trata de un horno de cal, el cual se construyó en torno al año 1938, al interrumpirse las comunicaciones por la Guerra Civil y existir la necesidad de producir cal para consumo local, con las calizas que anteriormente se exportaban. Se trata de un horno de los denominados de llama corta. Posee unas dimensiones de 7 m de altura por 4 m de diámetro, se sitúa inmediatamente por debajo de un rellano ubicado al borde de un talud. Esta situación dejaba la boca superior a ras de suelo y facilitaba la carga del mismo.

El horno es de mampostería irregular de piedra arenisca, material que soporta altas temperaturas. La trabazón se realizó mediante tierra, empleándose argamasa de cal y arena para el rejunteo. Asimismo cabe destacar la existencia de un cello o cinta de hierro, que circundaba al horno evitando que se abrieran las paredes cuando se producía la dilatación de las mismas en el proceso de cocción. El cilindro interior del horno dispone, en su parte inferior, de una abertura que permitía el encendido del mismo. Por debajo de esta abertura se dispone un cenicero para recoger las cenizas de la combustión.

Generalmente se utilizaban como combustible árgomas, helechos, carbón vegetal y tocones de árboles principalmente de encinas, con los que se alcanzaban temperaturas de entre 600 y 900 ºC.

Las labores comenzaban con la extracción de la roca caliza de las inmediaciones, la cual era transportada por carros tirados por bueyes a razón de mil kilos la carretada, y el acopio de combustible.

La carga del horno se efectuaba por la parte superior, para ello se introducían capas sucesivas de combustible y piedra hasta alcanzar la boca superior. El calero se consideraba perfectamente cocido cuando por la parte superior daba una llama de color azulado. La descarga del horno una vez enfriada, se hacía por la parte lateral inferior, donde se sitúa un pequeño vano adintelado. Tras la cocción se obtenía una proporción de 800 kilos de cal por cada diez mil kilos de piedra quemados.

La cal obtenida se utilizaba para encalados, desinfección de viviendas, establos, fuentes públicas y como componente de argamasas junto a la arcilla.

Tras esta última parada en el horno de cal, el sendero nos lleva hasta la pista denominada Barrio la Torre, la cual tomaremos hacia la derecha para llegar en pocos metros al punto de inicio, de una completa e interesante ruta a la cual les invito a descubrir.

Bibliografía: www.aytorasines.org



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