sábado, 1 de octubre de 2016

RUTA DE VALMORES:

La ruta de Valmores, tiene su inicio en la población de Nuevo Baztán municipio perteneciente a la Comunidad de Madrid, situado en la comarca de la Cuenca del Henares, al Este de la ciudad de Madrid.

Nuevo Baztán fue declarado Monumento Histórico Artístico en 1941 y Conjunto Histórico Artístico en 1980, debido a que alberga un patrimonio histórico imponente, formado principalmente por el palacio de Juan de Goyeneche y la iglesia contigua, ambas construcciones se construyeron con piedras calizas y son de estilo churrigueresco, están consideradas Bien de interés Cultural desde el año 2000.

El pueblo de Nuevo Baztán es todo un lujo del Barroco, el asentamiento urbanístico comprendió el complejo industrial más avanzado de su tiempo, precursor de la gran tarea de modernización e industrialización de España, emprendida por los primeros Borbones, siendo el antecedente de las futuras reales fábricas borbónicas.

El casco antiguo de Nuevo Baztán conserva el estilo que tuvo en el siglo XVIII, por lo que pasear por sus calles nos traslada a otra épcoa.

Una vez ubicado el pueblo de Nuevo Baztán y destacado con unas breves pinceladas el importante patrimonio histórico y arquitectónico que podemos visitar en esta preciosa localidad, es momento de exponer la ruta que hasta este paraje nos ha traído, y así poder practicar una actividad apasionante como es el senderismo y la interpretación de la naturaleza.

En pleno centro histórico de Nuevo Baztán, justo en la Plaza de la Iglesia con sus jardines frente a la fachada de la Iglesia de San Francisco Javier y del Palacio de Goyeneche es el punto de referencia para empezar la ruta de Valmores.

Según miramos de frente al Palacio de Goyeneche, empezaremos a caminar hacia la izquierda por la Calle del Palacio, hasta el final de la misma, a nuestra derecha surge el Camino del Boleo, el cual no tomaremos y seguiremos unos pocos metros más hacia delante, donde da comienzo el Camino de las Caleras, el cual nos adentra hacia la ruta de Valmores.

En este punto junto a la tapia de un chalet y frente a una finca rodeada por altas y tupidas arizónicas se sitúa un siempre apreciado cartel, que nos explica el transcurrir de la ruta y aporta información relevante del entorno.

El cartel cuya vida útil suele ser efímera y desde “medioambiente y senderismo” nunca nos cansaremos de concienciar sobre la importancia de respetar las señalizaciones, balizas y carteles informativos, que dotan a las rutas de senderismo de un importante valor añadido, no solo para el excursionista sino también para las poblaciones limítrofes que ven como el senderismo mueve cada vez a más aficionados y estos a su vez generan directamente ingresos en los pueblos, por ello es vital que los municipios se impliquen en proyectos de señalización y cartelería de las rutas cercanas a sus poblaciones.

Una vez estudiado el cartel, siempre es aconsejable realizar fotografías con el móvil del mismo, para poder consultarlo si fuera necesario a lo largo del recorrido.

El Camino de las Caleras, es el elegido para comenzar la ruta de Valmores y descubrir todo lo que nos ofrece este paraje natural tan genuino, la cómoda y ancha pista forestal nos invita a dar los primeros pasos sobre tierra.

La ruta transita por diferentes zonas muy diferenciadas paisajísticamente entre sí, y a la vez muy específicas de la fisonomía de todo el sureste regional de la Comunidad de Madrid, donde se dan amplios páramos o alcarrias de cima plana que surgen entre los ríos Henares, Jarama y Tajuña, los cuales con el paso del tiempo han cincelado y moldeado profundos valles con ricas vegas y marcadas laderas.

Durante la primera parte de la ruta observamos como el Camino de las Caleras, se encuentra custodiado a ambos lados por ricas tierras de labranza, los cultivos son principalmente de secano, el terreno arcilloso corresponde con una capa detrítica de edad pliocena.

La siempre interesante historia geológica regional nos permite comprender la actual configuración del paisaje a través del estudio de la geomorfología y las implicaciones ambientales de la morfología, dando lugar a relieves kársticos, escarpes inestables y veleidosos, al igual que a un complejo sistema hidrogeológico.

Si observamos el horizonte más cercano veremos los reductos de los bosques que antaño ocupaban el territorio, en la actualidad los bosques islas son los últimos vestigios forestales que aún resisten, y nos aportan importantes indicios de cómo era la flora antes de que el ser humano modificara el paisaje.

Las manchas de vegetación autóctonas formadas por encinas, quejigos, coscojas, tomillos, torviscos, romeros, aulagas, majuelos y un largo etc, son vitales para la fauna silvestre que encuentra refugio entre la espesura del bosque.

La flora se ubica en zonas donde el páramo ofrece zonas llanas y suaves ondulaciones, las duras condiciones climáticas de la paramera obliga a la vegetación silvestre a crear singulares adaptaciones como son las hojas coriáceas de encinas y coscojas.

Tras caminar apenas 550 metros surge una bifurcación, el Camino de las Caleras, sigue su trayectoria hacia la izquierda, en esta ocasión seguiremos de frente atravesando un de los numerosos sotobosques que resisten el paso del tiempo y a las presiones que el ser humano ejerce sobre estos delicados y reducidos en cuanto a tamaño, bosques islas.

La senda transcurre por un ancho camino de tierra, el cual es utilizado por los agricultores para acceder a las tierras de labranza, según avanzamos una ligera pendiente descendiente nos conduce hasta un pinar, el cual brota a nuestra derecha, el pino carrasco es la especie de conífera, empleada para repoblar toda esta zona, al ser una especie muy resistente con amplias cualidades para adaptarse a suelos pobres o degradados.

Mientras descendemos la ligera rampa, que presenta el camino vemos a nuestra izquierda otra zona reforestada con pino carrasco, en este punto es interesante estudiar la zona ecotónica que se presenta ante nosotros, donde conviven la vegetación autóctona y el pinar introducido por el ser humano.

La vegetación de ribera que brota a nuestra derecha delata la presencia del arroyo del Reguerón, el agua solo recorre su cauce en la época de lluvias, siendo por ello un arroyo estacional, las aguas cuando se deslizan por su cauce desembocan en el arroyo Vega y este a su vez en el río Tajuña.

Tras dejar atrás una marcada curva hacia la derecha, caminamos por un tramo donde la pendientes es más pronunciada, un nuevo ramal que inicia su recorrido a nuestra izquierda, es el elegido para continuar la ruta.

Por este nuevo camino, menos transitado, nos adentramos por una zona donde la vegetación a ambos lado de la senda es mucho más frondosa, tras caminar 250 metros una gran encina solitaria nos servirá de referencia, para asegurarnos de que vamos en la dirección correcta.

Bajo la encina es un buen lugar donde retomar energías y recuperar los líquidos consumidos, además de disfrutar de una panorámica espectacular de todo el valle del arroyo Vega, el cual esta resguardado de los vientos dominantes dirección Sur - Oeste al estar orientado Norte - Sur.

El valle del arroyo Vega, se caracteriza por carecer de zonas de umbría, surgiendo un microclima singular, el cual condiciona la flora particular del entorno, creando un paraje único y espectacular.

A lo largo del recorrido podremos observar varias zonas donde se depositaron antaño las cenizas de un horno de cocción de cal, son residuos de color grisáceo donde la vegetación los circunda y apenas se atreve a crecer entre ellos, debido a su elevado pH.

La industria de la cal en esta zona tuvo su pequeño auge, al ser una demarcación donde las calizas y los yesos son accesibles y abundantes, fueron empleados como materia prima en los hornos de cal, los cuales se nutrían de la leña del bosque como combustible.

Los hornos de cal se construían junto a la pendiente de terreno, la ruta nos permite poder acercarnos a observar los restos de estas ingeniosas construcciones, el carboneo fue otra de las labores que los habitantes de la zona practicaban, ambas actividades ocasionaron clareos en el bosque y la pérdida de grandes ejemplares de encina principalmente.

El camino prosigue por una cota de 800 de altitud, lo que nos permite seguir disfrutando de todo el valle y apreciar los diferentes tipos de vegetación que alberga el territorio, hasta llegar a una zona donde la senda rectilínea se transforma en un serpenteante sendero, el cual nos permite descender hasta llegar al fondo del valle.

Una vez finalizado el descenso, el sendero desemboca en el camino de la Vega, el cual cogemos hacia la derecha, en este punto estaremos en el fondo del valle, a la izquierda tenemos el arroyo Vega y a la derecha el sotobosque y las laderas.

En las zonas de laderas es frecuente ver matas de tomillo y romero que se aferran al suelo, reteniendo el terreno de forma vigorosa, e impregnando el aire de una agradable fragancia.

Seguimos por el camino de la Vega el cual está custodiado a nuestra izquierda por tierras de labranza y a nuestra derecha por un monte densamente poblado de vegetación mediterránea.

Transcurridos 700 metros desde que nos incorporamos a este nuevo camino, encontramos a nuestra izquierda un desvío, el cual tomaremos, para dirigirnos a cruzar el arroyo Vega, el cual en época de lluvias anega toda la pista de tierra y hay que cruzarlo con maña para no mojarnos más de la cuenta.

Tan solo caminamos 280 metros, hasta llegar a las faldas de una colina, la cual muestra un cicatrizar a modo de empinado sendero, con precaución subimos por la escarpada pendiente, hasta llegar a una zona llana, desde la cual observar todo el valle y las colinas de enfrente.

Una vez disfrutado de la espectacular panorámica, proseguimos hacia nuestra derecha en línea recta unos 300 metros campo a través, hasta localizar las ruinas de la iglesia de Valmores, apenas quedan en pie los muros que conformaron antaño el ábside, aun así el escenario donde un día lucio el templo es sin duda un lugar que invita a la contemplación y al ensimismamiento.




Desde la altura que nos proporciona este punto, estudiamos la edafología del terreno, los dos principales materiales que componen el páramo, son las abundantes calizas y bajo estas surgen las arcillas con sus tonalidades azafranadas.

Otro de los factores a observar, es la formación del arroyo Vega, el cual es fácilmente identificable por las hileras de vegetación de ribera que surgen en ambas orillas. El arroyo Vega recibe las aguas de diversos arroyos y manantiales, destacando el manantial de la Fuente de la Teja.

Las laderas que conforman el valle son parte fundamental en la formación del arroyo, ya que mediante escorrentías e infiltraciones de las propias colinas, el agua aflora en diferentes puntos a modo de manantiales que confluyen en el arroyo Vega, el cual sufre un marcado estiaje durante la época estival, siendo un arroyo estacional.

Una de las pistas que podemos tener en cuenta para intuir que en una u otra zona brota el agua es la aparición de juntos, los cuales germinan en aquellas entornos donde la humedad es alta y donde el agua subterránea no se encuentra a grandes profundidades y brota a la superficie, ya sea de forma continua o estacional.

Una vez estudiados todos los aspectos de interés de la zona, es el momento de descender por el mismo lugar que ascendimos, extremando las precauciones, ya que bajo nuestros pies y a nuestra izquierda se encuentra el barranco de Valdeñigo.

Una vez estamos abajo, cruzamos nuevamente el arroyo Vega, para llegar de nuevo a la pista principal la cual tomaremos a nuestra izquierda, tras caminar 250 metros por el camino de la Vega, encontramos a nuestra derecha un camino bastante erosionado, el cual no tomaremos, apenas unos metros más adelante surge un pequeño sendero igualmente a nuestra derecha, que nos conducirá hasta los paredones de San Blas.

Este insólito edificio cuenta con altos y gruesos muros, se especula con la funcionalidad concreta de la construcción, algunas teorías mencionan que fue utilizado por operarios denominados "pelayres", los cuales peinaban y cardaban paños de lana completamente desplegados y extendidos, de ahí las dimensiones del edificio.

Otra hipótesis recoge la posibilidad de que entre estos muros se hicieran labores de tintado de los paños, debido a que para realizar estos trabajos se precisas de grandes pilas a diferentes alturas, de ahí los altos y gruesos muros.

Además el edificio esta levantado sobre una marca pendiente y encajona sucesivos bancales, formando una estructura idónea para la ubicación de las diferentes pilas destinadas al teñido y secado de los paños.

Sin duda el singular edificio ha debido de tener diversas utilidades, las ya mencionadas y otras como las de antiguas tenerías y de almacén.

En la actualidad estas ruinas están siendo engullidas por la densa vegetación del paraje, los rosales silvestres, los majuelos, las zarzas, las madreselvas y las falsas acacias visten a los paredones de San Blas con un estrambótico atuendo vegetal.

En las proximidades a los paredones de San Blas, podemos intuir entre la densa vegetación al arroyo del Reguerón, cuyas aguas descienden por la falda de la colina de forma serpenteante, dotando a este rincón de la necesaria humedad para la vegetación y del preciado líquido elemento para saciar la sed de los habitantes del sotobosque.

Recordamos que para poder localizar los cauces de los arroyos debemos buscar matas de juncos, al igual que en esta zona se aprecian algunas tobas, otro indicados inequívoco del afloramiento de aguas subterráneas.

La masa de vegetación que podemos ver en este lugar, está protagonizada principalmente por los quejigos, los cuales prefieren laderas más protegidas de las inclemencias meteorológicas y más húmedas, de ahí que el arroyo del Reguerón es el encargado de impregnar de humedad esta parte del bosque.

Los quejigos cuentan con hojas marcescentes, muy polimorfas, siendo más grandes y tiernas que las hojas de las encinas o de las coscojas, de color verde brillante cuando son jóvenes, con el tiempo tienden a amarillearse, los bordes de las hojas son dentados pero carentes de pinchos. Su follase es menos denso y el porte más esbelto. Son profusas las agallas de forma esférica y otras de aspecto estrellado, pudiendo aparecer agrupadas.

Lo más recomendable para evitar extraviarse entre la densidad del sotobosque, es una vez disfrutado de los paredones de San Blas, retroceder por el mismo sendero hasta desembocar nuevamente al camino de la Vega, el cual tomaremos a nuestra derecha.

Antes de proseguir por el camino de la Vega, nada más salir del sendero, mirando de frente vemos unos campos de cultivos y la vegetación de ribera que acompaña el curso del arroyo Vega, al otro lado del mismo resistiendo el paso del tiempo surgen los restos del batán de Valdeñigo.

Los batanes estaban dispuestos a lo largo del arroyo Vega como del río Tajuña, su cometido era la de batear los paños que posteriormente se confeccionaban en las fábricas del Conjunto Industrial de Nuevo Baztán.

La estructura de los batanes es semejante a la de los molinos, el batán de Valdeñigo, aprovechaba el caudal de agua procedente del barranco del Valdeñigo, la fuerza del agua movía la rueda que accionaba el intrincado mecanismo, el cual consistía en una rueda dentada que movía unos mazos de madera, cuyo fin era lavar y golpear los paños de lana hasta alcanzar la consistencia adecuada. Este proceso se denomina abatanado.

La actividad del batán producía un sonido muy característico, proporcionando un paisaje sonoro actualmente desaparecido. Los batanes son un elemento vital para la fabricación de paños de lana, que era precisamente la principal industria establecida por Juan de Goyeneche en Nuevo Baztán.

Lamentablemente, el caudal del barranco del Valdeñigo no permitía mantener el batán activo durante todo el año. Por esa razón, Goyeneche poseía otros batanes en la ribera del río Tajuña, más rentables gracias a contar con un curso de agua abundante tanto en invierno como en verano.

Nos tendremos que conformar con observarlo desde cierta distancia ya que el acceso al batán es algo complicado por tener que cruzar el arroyo Vega y por la densa vegetación de ribereña que lo custodian, compuesta por chopos, olmos, nogales, fresnos, higueras, zarzas, etc…

Ahora si continuaremos por el camino de la Vega, tras caminar 200 metros el camino pasa junto a una parcela cercada con arizonicas, seguiremos otras 220 metros donde muere el camino de la Vega, y con mucha cautela, siempre mirando a ambos lados cruzaremos la carretera M-219.

Al otro lado de la calzada, continuamos con la ruta por el principio de la calle de los Huertos, la cual termina en la población de Olmeda de las Fuentes, este nuevo tramo de camino transcurre por el fondo del valle, a nuestra derecha queda la carretera M-219, la cual no veremos y apenas escucharemos por el poco tránsito de vehículos que afortunadamente tiene y a nuestra izquierda queda el arroyo Vega.

Una vez caminado aproximadamente 850 metros por el llano y cómodo camino que compone la calle de los Huertos, encontramos los restos de un edificio de planta cuadrangular, se trata de la antigua fábrica de tintes o gamuzas.

La construcción se ubica adyacente al camino tradicional que une Nuevo Baztán con la población de Olmeda de las Fuentes. El artífice de este proyecto fue Goyeneche, que estableció en el año de 1715 una fábrica de antes y gamuzas entre la villa de La Olmeda y el Nuevo Baztán.

En la actualidad solo quedan los restos de lo que fue una gran construcción industrial de principios del siglo XVIII.

En el interior de esta gran fábrica se manufacturaban y curtían pieles destinadas a la confección de prendas y accesorios de los uniformes militares de la época. Se producían calzones, ajustadores de ante, coletos, bandoleras, porta frascos y biricúes.

La actividad de la fábrica fue efímera, tan solo 7 años, en 1722 el proyecto entro en bancarrota, por diversos motivos entre ellos los atrasos en los cobros, desfalcos de importantes sumas de dinero y descenso en los pedidos.

Dejamos atrás los vestigios de la fábrica de antes y gamuzas, a pocos metros de reanudar la marcha a mano izquierda, surge un desvío por el cual continua la calle de los Huertos que como no podía ser de otro modo conduce hasta la zona de huertas ubicadas a las afueras de la población de Olmeda de las Fuentes.

Nuestros pasos no tomaran este desvío, seguiremos de frente por una amplia pista de tierra, la cual ira de forma progresiva aumentando la pendiente ascendiente para poder así salvar la ladera.

La vegetación de ribera vuelve a quedarse en el fondo del valle y poco a poco nos adentramos en los sotobosques de encinas, quejigos y coscojas, vegetación más propia del páramo.

Una marcada y cerrada curva hacia la derecha, nos servirá como referencia y de punto de observación, desde el rellano de la curva se aprecia una interesante panorámica del precioso pueblo Olmeda de las Fuentes.
Una vez repuestos líquidos y realizadas las oportunas fotografías, es momento de superar los 300 metros de continua pendiente que hay desde el descansillo de la curva hasta el mirador del Balconcillo.

El mirador del Balconcillo, es una plataforma construida durante la Guerra Civil Española, para el apostamiento de soldados y evitar así la subida del enemigo desde el Valle.

Afortunadamente en la actualidad, es un simple mirador desde el cual, el senderista puede tomarse un descanso en el camino, mientras se deleita de las magníficas vistas del valle del arroyo Vega y de la población de Olmeda de las Fuentes.

Desde los 830 metros de altura que cuenta el mirador, podemos estudiar el desnivel entre el páramo y el fondo de valle, observando la topografía del lugar y la distribución de la vegetación, diferenciando entre la flora de ribera ubicada en el cauce del arroyo Vega, y el sotobosque que cubre las laderas y el páramo.

Desde el mirador del Balcanillo, tendremos que descender por el pequeño sendero que no condujo hasta aquí y seguir de frente por el camino que cruza una pequeña zona boscosa, desde este punto veremos la carretera M-219, el camino principal por el cual ascendimos queda a nuestra izquierda.

El nuevo camino transita por la linde existente entre dos campos de cultivo, 250 metros serán los que recorreremos hasta adentrarnos por una mancha boscosa formada por robles, nada más atravesarla surge ante nosotros una amplia pista de tierra, la cual tomaremos hacia nuestra derecha.

Continuando por la pista de tierra llegaremos sin pérdida alguna a la calle Transformador, la cual tomaremos hasta llegar a la Travesía José de Churriguera, la cual tomaremos a mano derecha para dirigirnos hacia la Plaza de la Iglesia y el Palacio de Goyeneche de Nuevo Baztán, punto donde concluimos la ruta.

Si desean realizar la ruta de la mano de un guía que les oriente y durante la senda les realice interpretación de la naturaleza, identificando la fauna y flora del lugar no duden en contactar conmigo escribiéndome a: danielmedioambiente@gmail.com



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2 comentarios:

  1. Interesante blog con entradas curradas.
    Conozco algunas de las rutas mencionadas: localidades citadas por el Corredor del Henares y cercanías. Rutas alcarreñas. También pasé por Brihuega que me parece recordar nombraste en alguna entrada.
    Te dejo mensaje también en la blogoteca.
    Suerte en el concurso.

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    1. Muchas gracias por su comentario, todo lo que quiera compartir es bienvenido, un cordial saludo.

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